Personajes.
Cuando comenzas a escribir una historia, creas al personaje, le das una forma de vestir, de hablar, unas características particulares, tanto físicas como personales; a veces las tomamos "prestadas" de algunas personas que conocemos, otras, que sean propias, y a veces, las utilizamos porque son la antítesis total de uno.
Cualesquiera que fuera el caso, uno inicia desde cero. Pero hay que construirle un entorno, amistades, vivienda, pasado, problemas. Y ahí, creo yo, que es cuando empezamos a encariñarnos con el personaje en el que estamos trabajando, y al final, terminas creyendo que esa persona existe, llega un punto en el que estás convencido de que está en alguna parte del mundo, o estuvo.
Mi gran problema es que le doy todo de mí a ese personaje y a cada uno que creo. Y quizás, a veces, les armo una historia dolorosa, o una familia ausente, o un gran problema, o enfermedad que los marca y me es difícil olvidarlos luego, o me cuesta mantenerlos "vivos" (por así decirlo).
En ese momento es cuando aparece el factor (no tan) sorpresa: siempre los termino matando. Sin importar qué haya pasado en la historia, siempre mueren.
He aquí mis dudas: no sé porqué siempre los mato. No sé si será porque tendré una obsesión con la muerte que aún no reconocí, si será porque comienzan a disgustarme hasta que ese sentimiento culmina en el odio; o si será porque su historia es tan dolorosa que llega a causarme algún tipo de aflicción, sentiré que es tortuoso mantenerlos vivos, o me resulta un calvario "sentirlos" aún conmigo y allí es cuando uso ese factor sorpresa.
Ahora no sé cómo culminar la historia de este nuevo personaje. ¿Matarlo? No, eso ya no está en los planes. Pero, ¿y si la historia se me vuelve intolerable?
Cualesquiera que fuera el caso, uno inicia desde cero. Pero hay que construirle un entorno, amistades, vivienda, pasado, problemas. Y ahí, creo yo, que es cuando empezamos a encariñarnos con el personaje en el que estamos trabajando, y al final, terminas creyendo que esa persona existe, llega un punto en el que estás convencido de que está en alguna parte del mundo, o estuvo.
Mi gran problema es que le doy todo de mí a ese personaje y a cada uno que creo. Y quizás, a veces, les armo una historia dolorosa, o una familia ausente, o un gran problema, o enfermedad que los marca y me es difícil olvidarlos luego, o me cuesta mantenerlos "vivos" (por así decirlo).
En ese momento es cuando aparece el factor (no tan) sorpresa: siempre los termino matando. Sin importar qué haya pasado en la historia, siempre mueren.
He aquí mis dudas: no sé porqué siempre los mato. No sé si será porque tendré una obsesión con la muerte que aún no reconocí, si será porque comienzan a disgustarme hasta que ese sentimiento culmina en el odio; o si será porque su historia es tan dolorosa que llega a causarme algún tipo de aflicción, sentiré que es tortuoso mantenerlos vivos, o me resulta un calvario "sentirlos" aún conmigo y allí es cuando uso ese factor sorpresa.
Ahora no sé cómo culminar la historia de este nuevo personaje. ¿Matarlo? No, eso ya no está en los planes. Pero, ¿y si la historia se me vuelve intolerable?
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